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miércoles, 12 de abril de 2023

No mendigues besos ni abrazos.

 


Cuando queremos o amamos, a veces caemos en el error de pedir lo mismo a cambio, o simplemente de esperar en la misma medida en la que damos. Esperar ese retorno puede llenarnos de frustración y tristeza. Pero de forma mucho más concreta en esa situación de querer, a veces pedimos que nos demuestren ese amor, que nos abracen, nos besen, nos digan, nos hagan. No nos damos cuenta como poco a poco comenzamos a mendigar amor.

Es una situación triste, poco sana para nuestra emocionalidad y seguro que todos hemos pasado por una situación de este estilo con una u otra persona (apliquese a parejas, amigos, hijos, padres, etc).

-    ya no me besas

-    ya no me abrazas

-    parece que ya no me quieres

-    antes me demostrabas más tu amor

-    cuando eras pequeñito parecía que me querías más 

-    etc.

Debemos entender que el amor se alimenta de libertad. Mendigar besos y abrazos lo único que hará es forzar a la otra persona a que lo haga sin realmente sentirlo o por lo menos en esa circunstancia. Deja libertad al otro para que te demuestre lo que siente y si eso no sucede o deja de ocurrir, algo te está queriendo decir, tal vez algo ha cambiado, tal vez los sentimientos ya no son los mismos, quizás sea un momento de replantearse alguna situación. 

El cuerpo y sus demostraciones son una forma de comunicar. Hoy solo nos estamos refiriendo a los besos y a los abrazos, pero entendemos que dependiendo de cada circunstancia, las demostraciones de amor varían. Pero es importante saber que las demostraciones de amor no necesitan de palabras. Un simple abrazo te puede hacer sentir lo que ningún discurso de amor podría llegar a tu interior. Lo que nos cuesta entender es que esas demostraciones no se solicitan, no se piden. Surgen.  Nacen. Son espontáneas. No pasan por el pensamiento, pasan por la emoción y la demostración. Cuando no ocurre de forma espontánea, solemos resistirnos a comprender la situaciones porque nos duele. 

Aceptar cada situación, no esperar nada y soltar lo que no puedo obligar ni retener, es una forma sana de quererte a tí mism@ y valorarte para que otros también lo hagan.

Hay personas que continuamente exigen demostraciones de amor, que estén pendientes de ell@s, que de forma constante estés manifestando cuánto es el amor que sientes y eso es querer tener el control de las emociones del otro. Esas personas, a parte de tener poca seguridad en ellos mismos, auto estima baja y un deseo de control sobre su entorno (tres características que se solapan), tal vez no han experimentado de forma real abrazos sinceros, besos espontáneos. Cuando las demostraciones de amor llegan en libertad, ves la diferencia, sientes distinto, tu piel y tu cuerpo lo notan, tus sensaciones son únicas y la satisfacción de sentirte querid@ o amad@ empieza a tener sentido.

He querido poner esta foto con mis dos pequeños de casa, ellos son auténticos, no falsean, no interpretan, no se obligan. Estar con ellos y sentir sus abrazos y sus besos es la demostración de amor más real que pueda existir. Y ese es mi punto de referencia para otros besos y abrazos, sean fraternales, de amor o de amistad. Se siente la diferencia entre la libertad y la obligación. No hay duda. Mendigar besos y abrazos no tiene sentido, para qué!!! ...si siempre hay personas a tu alrededor que te los darán sin pedir nada a cambio, de forma espontánea y desbordados de sinceridad, amor y cariño. No mendigues más!!, porque te mereces las demostraciones de amor auténticas. En una situación extrema, si no tienes posibilidades de besos y abrazos de verdad, no olvides que "es mejor estar sol@ que mal acompañad@". Cuando menos lo esperes, recibirás un abrazo o un beso que te hará ver la diferencia entre la demostración obligada y la demostración libre.

Un abrazo.

Carmen Paz Alza Millie.

Psicóloga

martes, 20 de febrero de 2018

Resultado de imagen de ser libre


 SER LIBRE Y QUITARSE LAS CADENAS


Seguramente alguna vez han pasado frases como éstas por tu cabeza: "quiero ser libre", "ojalá no me importara tanto lo que dicen, "quisiera que nada me importara", "por qué me siento tan prisionera/o". Puedes hacer el ejercicio de recordar cuándo fue la última vez que te sentiste realmente libre...lamentablemente siempre hay algún hecho que seguro no te ha dejado ser libre completamente. Esa sensación de libertad es muy difícil de sentir, difícil llegar a ella, pero siempre debemos intentar conseguirla a pesar de las circunstancias que se esté viviendo.

Es increíble sentir que muchas veces somos más prisioneros de nuestras circunstancias que cualquier persona encadenada o encarcelada. Nos encadenamos a situaciones, personas, cosas materiales y no somos conscientes de cuánto van pesando esas cadenas. Somos el resultado de una sociedad que nos impone cosas que muchas veces no deseamos, pero por el temor a la reacción, al que dirán, a las propias costumbres que nos han inculcado desde pequeños y a la debilidad por nuestra parte, caemos en esas ataduras que poco a poco vamos interiorizando en nuestro ser y en nuestra vida.

Es importante saber que la libertad o sentirte libre, es un constructo mental. Muchas veces no solo dependerá de tu situación externa, sino de las mismas cadenas psicológicas que tú te impongas. Hay un cuento por ahí que se llama " el elefante encadenado" y justamente nos cuenta una historia preciosa sobre las cadenas que nos auto imponemos. No somos conscientes cómo a lo largo de nuestra vida nos vamos encadenando a situaciones, personas, objetos, relaciones y muchas veces no es lo que deseamos: trabajos poco motivadores, amigos que nos han elegido, obligaciones que nos imponemos, responsabilidades que no nos corresponden, y así, una larga lista de situaciones que nos encadenan.

Dicho ésto, la solución parece sencilla con los siguientes pasos:

-Sería fácil hacer una lista de todas las cosas que quisiéramos cambiar, que nos encadenan y que nos hacen sentir como un prisionero en libertad. Por ejemplo, obligaciones familiares, amistades obligadas, amistades por costumbre, amistades por imposición, reuniones familiares displacenteras, compromisos sociales por imagen, conductas concretas para complacer a pareja sin pensar en tu bienestar, decisiones, trabajos, entorno, y una larga lista que para cada persona sería diferente. Son conductas que tenemos y en el fondo no nos gustan, nos hacen sentir obligados, poco libres y no ser nosotros mismos.

-Después tendríamos que analizar cuáles de esas situaciones son susceptibles de cambio y pensar en cuáles serían las posibles soluciones. Hago una lista con la situación paralizante y al lado escribo el posible cambio que podría tener. Así con cada una de las situaciones susceptibles de cambio.

- Intentaría formar un plan de acción para abordar esas situaciones que sí es posible cambiar y pasaría directamente a la acción. Por ejemplo, una de las "obligaciones" más molestas que suelo escuchar en consulta y con bastante culpa es por ejemplo, tener la obligación de llamar cada día a determinado familiar para saber cómo ha pasado el día (una madre, un padre, una tía, un vecino, etc.). Si esta situación te genera incomodidad, falta de libertad, pasa a la acción, verbaliza o escribe la situación en sí y después genera un plan de acción: pasa de llamar cada día de la semana, a llamar solo 4. Prueba y si con ese cambio es suficiente para tu bienestar, habrás acertado y si no, deberás seguir probando con otros planes de acción.

-Después debo pensar en las situaciones que no pueden cambiar en la realidad y pensar en qué puedo hacer para que fueran menos inmovilizantes. Como hemos dicho antes, la libertad es un constructo mental. Cuando una situación no tiene solución y estoy obligadamente atada/o, puedo manejar ese constructo a mi favor. Te voy a poner un ejemplo: un preso en una cárcel maneja su constructo de encarcelamiento/libertad leyendo mucho. Así puede liberarse de las cadenas físicas que le atan, puede volar, trasladarse, transformarse, puede vivir a través de las palabras que le ofrecen otros. En tu propia realidad, puede que estés viviendo una situación personal que no te permite ser más libre, pero seguro que puedes transformarla de alguna manera a tu favor. Es muy importante reconocer las situaciones que te hacen sentir poco libres, en el momento que las reconoces, pierden la mitad de su peso.

No es fácil soltarse de las cadenas, no es fácil actuar de una forma completamente distinta a como estamos acostumbrados o nos han enseñado, pero realmente vale la pena intentarlo. Ganarás en bienestar, te sentirás más ligero, más motivado, tomarás las riendas de tu vida y por fin empezarás a ser y a actuar como a ti te gusta y deseas.

Existen también técnicas psicológicas que te pueden ayudar a lograr ese cambio en tu realidad, pero eso será tema para otro día. Puedes visitar también www.gimnasiodepsicologia.wordpress.com

Carmen Paz Alza Millie
Psicóloga